—Te extraño
Extraño los juegos tontos (y correr libres).
Extraño las risas simples (y las carcajadas que nos dejaban con dolor de estómago).
Extraño los atardeceres (y que nunca te detuvieras a mirarlos conmigo).
Extraño los recuerdos compartidos (y los que tanto deseamos olvidar).
Extraño las ganas de quererte cerca (y de poder maldecir los centímetros).
Extraño estar en tus brazos (y que insistieras en que nunca te molestaba).
Extraño quedarme sin aliento (y disfrutarlo).
Extraño tus labios finos (y tus besos rápidos).
Extraño tu cabello (y mis dedos perdiéndose en él).
Extraño cómo me hacías sentir (y pensar que podía acostumbrarme).
Y, lo siento, pero eso no significa que te extrañe a ti.
—Gracias
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sábado, 23 de marzo de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
¿Sabes? Obviamente no. Tuve una pesadilla. Horrible, como siempre. Pero en algún momento, soñé que me besabas. Así, de la nada. Como si fuera lo más natural del mundo. He pasado días luchando contra mí misma, secuestrándote, huyendo, ganando y perdiendo. Finalmente, decidí que era mejor no seguir. Pero ese beso me derritió. Fue como si no existiera nada más. Ni la gente ni el planeta. Ni la vida ni la muerte. Ni tú ni yo. Solo ese beso.
Supe un minuto después, que soñaba. Recordé que la realidad era muy diferente. Que lo mejor que pasa entre nosotros es mi desesperado y absurdo deseo de querer que seas feliz. Rememoré que es una mierda porque hay una parte de mí que quiere luchar por ti pero haría cualquier cosa por verte feliz, aunque sea de otro modo. Aunque sea con otra, aunque signifique matarme a mí misma, aunque duela, aunque haga que me odie, aunque tenga ganas de gritar, aunque sienta que lo único que podría ayudar sea arrancarme la piel, aunque cada sonrisa tuya me clave un puñal en el corazón y lo haga latir al mismo tiempo. Tal vez por eso no lo detuve. Porque en ese instante no importaba nada más. Ni los sueños ni las pesadillas. Ni las ilusiones ni el mundo real. Ni tú ni yo. Solo ese beso.
Y desperté cuando el sueño se volvió pesadilla. Cuando todo dio vueltas en el laberinto que me atormenta. Incluso así, me dio igual. Después de todo, quisiera que me elijas, que no tuviera que estar haciendo esto contra la corriente. A veces...se aprende que el resto del mundo no siente con tanta carga como uno. Que las personas como yo, a las que les cuesta llegar a sentir afecto por alguien pero que cuando lo tienen podrían morir por ellos, son difíciles de encontrar. Aunque se aprende también que los celos realmente te hacen sentir algo físico. Una punzada en el pecho, que te sorprende y te deja luchando por una bocanada de aire. Sí, ese beso dolió al despertar. Pero fue interesante saber lo alto que puedo llegar a volar, aunque ahora duela haber caído, aunque haya volado sin alas, aunque solo haya sido lanzarse a un acantilado a cuyo abismo tentaba desde hace mucho. Porque incluso despierta, por un minuto, no existió nada más. Ni la cama ni el suelo. Ni el día ni la noche. Ni el sueño ni la vigilia. Ni tú ni yo. Solo ese beso.
Supe un minuto después, que soñaba. Recordé que la realidad era muy diferente. Que lo mejor que pasa entre nosotros es mi desesperado y absurdo deseo de querer que seas feliz. Rememoré que es una mierda porque hay una parte de mí que quiere luchar por ti pero haría cualquier cosa por verte feliz, aunque sea de otro modo. Aunque sea con otra, aunque signifique matarme a mí misma, aunque duela, aunque haga que me odie, aunque tenga ganas de gritar, aunque sienta que lo único que podría ayudar sea arrancarme la piel, aunque cada sonrisa tuya me clave un puñal en el corazón y lo haga latir al mismo tiempo. Tal vez por eso no lo detuve. Porque en ese instante no importaba nada más. Ni los sueños ni las pesadillas. Ni las ilusiones ni el mundo real. Ni tú ni yo. Solo ese beso.
Y desperté cuando el sueño se volvió pesadilla. Cuando todo dio vueltas en el laberinto que me atormenta. Incluso así, me dio igual. Después de todo, quisiera que me elijas, que no tuviera que estar haciendo esto contra la corriente. A veces...se aprende que el resto del mundo no siente con tanta carga como uno. Que las personas como yo, a las que les cuesta llegar a sentir afecto por alguien pero que cuando lo tienen podrían morir por ellos, son difíciles de encontrar. Aunque se aprende también que los celos realmente te hacen sentir algo físico. Una punzada en el pecho, que te sorprende y te deja luchando por una bocanada de aire. Sí, ese beso dolió al despertar. Pero fue interesante saber lo alto que puedo llegar a volar, aunque ahora duela haber caído, aunque haya volado sin alas, aunque solo haya sido lanzarse a un acantilado a cuyo abismo tentaba desde hace mucho. Porque incluso despierta, por un minuto, no existió nada más. Ni la cama ni el suelo. Ni el día ni la noche. Ni el sueño ni la vigilia. Ni tú ni yo. Solo ese beso.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Sensaciones
Era un viaje tranquilo en el momento en que él subió. Caminó sin pretensiones, con su suéter rojo holgado, sin terminar de captar mi atención. Una persona más que sube. Hasta que se colocó a mi lado.
El chico olía a globos.
Ese olor a plástico de colores, ese olor a fiestas infantiles, ese olor a mi infancia.
Era el miedo a las paperas, a que uno explotara, a que no quedara lo suficientemente inflado.
Era la rabia no encontrar un inflador, la de no poder quedarte con todos los colores (incluso los que no eres capaz de imaginar), la de que no pudieras acabar lo suficientemente rápido.
Era las ansias de la celebración, de decorar, de querer que el payaso hiciera un animal del que nunca hubieras oído.
Y finalmente, el chico se puso de pie y me dejó con los recuerdos, el ruido del tráfico y un eco de esos tiempos donde no puedes comprender por qué te dicen que pronto todo se arruinará.
Ahora que lo pienso, ¿por qué el chico olía a globos?
Debí haberle hablado. Tal vez un día sin llovizna oliera diferente. Tal vez tuviera entre sus perfumes, más de mi nostalgia embotellada.
El chico olía a globos.
Ese olor a plástico de colores, ese olor a fiestas infantiles, ese olor a mi infancia.
Era el miedo a las paperas, a que uno explotara, a que no quedara lo suficientemente inflado.
Era la rabia no encontrar un inflador, la de no poder quedarte con todos los colores (incluso los que no eres capaz de imaginar), la de que no pudieras acabar lo suficientemente rápido.
Era las ansias de la celebración, de decorar, de querer que el payaso hiciera un animal del que nunca hubieras oído.
Y finalmente, el chico se puso de pie y me dejó con los recuerdos, el ruido del tráfico y un eco de esos tiempos donde no puedes comprender por qué te dicen que pronto todo se arruinará.
Ahora que lo pienso, ¿por qué el chico olía a globos?
Debí haberle hablado. Tal vez un día sin llovizna oliera diferente. Tal vez tuviera entre sus perfumes, más de mi nostalgia embotellada.
viernes, 10 de agosto de 2012
"Quiero hacer algo con mi cabello"....parte II
¿Recuerdan esa famosa peluquería en la que tuve que sacar cita con dos meses de anticipación?
Bien. Allí estuve el día indicado.Me escapé Salí del trabajo y fui. Fue rico ser tratada tan bonito. Esa gente está acostumbrada a tratarte como si fueras el dueño de la tienda.
Primero, dicen que quien quiere celeste, que le cueste. Pero a mí me la asignaron sin trámite (suertuda yo).
Celeste me cayó de putamadre. Tal vez tuvo que ver con la experiencia que parecía tener en aplicar tratamientos capilares. O quizás fue porque me decía "nena" y yo termino irremediablemente enamorada de cualquiera que me diga así.
A todo esto, Celeste era más "linda" que yo. Nada le quitaba su cabello perfecto, su nariz perfilada, su metro ochenta ni su cintura de envídiame-mira-lo-flaca-que-se-puede-llegar-a-ser-sin-morir-en-el-intento. Me hubiera pisoteado la autoestima si no fuera porque Celeste era un travesti y me convencí de que ese detalle hacía que no jugáramos en las mismas ligas (déjenme ser feliz creyéndolo).
Celeste era una experta. Así que me limité a asentir a todo lo que decía.
-Nena, ¿podrías mover tu cabeza más acá?
-Nena, tu cabello va a sonreír después de esto.
-Ay nena, ¿tienes idea de qué corte te hago?
Y ahí andaba yo, sintiéndome feliz. La imagen del espejo, con mi cabello apuntando en todas direcciones era perfecta dentro de mis límites (me gustan los cortes que me hacen ver despeinada porque así tengo excusas para no perder tiempo con el peine).
Celeste me despidió con un: "Y ahora ya puedes respirar tranquila, nena".
Todo para que al llegar a casa mi primo me mirara y dijera: "pareces la mala de una telenovela".
Bien. Allí estuve el día indicado.
Primero, dicen que quien quiere celeste, que le cueste. Pero a mí me la asignaron sin trámite (suertuda yo).
Celeste me cayó de putamadre. Tal vez tuvo que ver con la experiencia que parecía tener en aplicar tratamientos capilares. O quizás fue porque me decía "nena" y yo termino irremediablemente enamorada de cualquiera que me diga así.
A todo esto, Celeste era más "linda" que yo. Nada le quitaba su cabello perfecto, su nariz perfilada, su metro ochenta ni su cintura de envídiame-mira-lo-flaca-que-se-puede-llegar-a-ser-sin-morir-en-el-intento. Me hubiera pisoteado la autoestima si no fuera porque Celeste era un travesti y me convencí de que ese detalle hacía que no jugáramos en las mismas ligas (déjenme ser feliz creyéndolo).
Celeste era una experta. Así que me limité a asentir a todo lo que decía.
-Nena, ¿podrías mover tu cabeza más acá?
-Nena, tu cabello va a sonreír después de esto.
-Ay nena, ¿tienes idea de qué corte te hago?
Y ahí andaba yo, sintiéndome feliz. La imagen del espejo, con mi cabello apuntando en todas direcciones era perfecta dentro de mis límites (me gustan los cortes que me hacen ver despeinada porque así tengo excusas para no perder tiempo con el peine).
Celeste me despidió con un: "Y ahora ya puedes respirar tranquila, nena".
Todo para que al llegar a casa mi primo me mirara y dijera: "pareces la mala de una telenovela".
miércoles, 1 de agosto de 2012
Hoy soñé con mi padre.
Él estaba sentado en uno de los sofás que
teníamos en nuestra gigantesca y hermosa casa en el pueblito donde crecí. El
sillón, sin embargo, estaba en medio del huerto-jardín que había en la parte de
atrás de esa casa.
No sé por qué, yo tenía una hoja y un
lapicero. Y los guionistas de mis sueños NECESITAN explicarme por qué carajos
estaba yo escribiendo en ella una lista de todos los chicos que me gustaron/me
gustan/les-tengo-ganas.
Era una cosa muy detallada (con pros y contras
de cada uno), y un casillero final que decía: DECISIÓN. Pero yo no llené ese casillero,
solo me levanté y se la di a mi papá.
Mi padre sí lleno el famoso casillero. Empezó
a poner cosas como: "De NINGUNA jodida manera" (en rojo). O “aceptable pero tiene
que hacer méritos”. O (morí con esta) “¿estabas borracha?”.
Se reía mientras leía, en plan: ¿en serio
quieres que acepte a este ridículo? O alzaba los ojos al cielo como quien dice:
“¡ay! ¿quién entiende a esta muchacha?”.
Finalmente me devolvió la hoja. Recuerdo pocos
de los nombres que le pasé. Algunas opiniones me sacaron carcajadas. Otras,
quise abrazarlo fuerte (pero con cuidado, que la última vez que mi madre lo hizo,
le rompió los lentes).
Al final de la hoja había un gran: “Papá te
quiere mucho. No lo olvides”, en esa letra hermosa que sólo él logra conseguir.
Y después de revisar toda la columna “decisión”
me di cuenta que mi padre no había aceptado a nadie.
Tu hija te quiere mucho, papi.
sábado, 19 de mayo de 2012
Llamadas que te liberan
Hoy planeaba estudiar. Lo digo en serio. Tengo exámenes la próxima semana y pensaba desaparecer.
Pero hace cinco minutos, me llamaron con una simple frase: "X" no puede ir, cancelamos la reunión.
Así que decidí que el universo confabula para que explique algo y defina qué voy a hacer en este blog (porque, vamos, no es que el título aclare mucho el tema).
Pero hace cinco minutos, me llamaron con una simple frase: "X" no puede ir, cancelamos la reunión.
Así que decidí que el universo confabula para que explique algo y defina qué voy a hacer en este blog (porque, vamos, no es que el título aclare mucho el tema).
- Voy a hacer todo lo que alguna vez tuve miedo de hacer en otros blogs porque mi familia podía rastrearme (están ligeramente traumados con el hecho de que esté en internet).
- Voy a criticar y reseñar libros (para llevar una cuenta personal de lo que me pareció cada uno y por el simple gusto de poder hacerlo por fin)
- Voy a comentar cosas que me hayan pasado.
- Voy a recomendar tonterías (y algunas "seriedades").
- Voy a entrevistar autores jóvenes (si aceptan).
- Y, básicamente, de todo lo que se me ocurra (denme tiempo, como dicen los pingüinos de Madagascar: "tú no has visto naaadaa").
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